Si os dijera que pensemos en una enfermedad que es la primera causa de muerte en mujeres, que 1 de cada 6 personas la padecerá a lo largo de su vida, y que la sufren en España 130.000 personas nuevas cada año, seguramente os vendrá a la cabeza el nombre de alguna enfermedad, pero raro es el caso que alguien piense que se trata del ictus.

Por desgracia no eres una excepción, eres la norma. El ictus es una enfermedad dramática en dimensión y a la vez muy desconocida por la sociedad.

A pesar de que hay múltiples causas que pueden provocar un ictus, la realidad es que “todos podemos tener una arruga en nuestra capa de Superman”. En mi caso, fueron los malos hábitos lo que me llevaron a padecer un ictus, pero existen otros factores de riesgo como algunas patologías cardiovasculares como la fibrilación auricular no valvular. Con todo, las consecuencias de sufrir un ictus no distinguen las causas que lo provocan.

Yo tuve mucha suerte, el 30% de los afectados muere y el 40% quedan con una discapacidad importante, esto quiere decir que sólo un tercio de los afectados sobreviven sin secuelas, o secuelas moderadas. Impresiona el dato, ¿verdad?

Estar bien informado es la clave para la prevención. El 80% de los ictus se pueden prevenir, ¿cómo? Adoptando hábitos de vida saludables y llevando un buen control de nuestras patologías cardiovasculares.

Alguien dijo “no hay daño cerebral lo suficientemente leve para ser ignorado ni demasiado grave para perder la esperanza”, la primera parte habla de la “capa de Superman”, y la segunda habla de que siempre hay una mejoría por pequeña que esta sea.

En esa mejoría tiene mucho que ver lo que haces en lo que yo llamo el “laboratorio”, la clínica de rehabilitación, pero no menos importante es lo que haces fuera, es decir lo que haces en tu día a día. Actitud positiva, un objetivo que perseguir, rodearte de gente que te rete, constancia, y trabajo, mucho trabajo, son claves para conseguir mejorar algo que al principio parecía un imposible.

Os dejo mi pequeño truco, practicar deporte, por supuesto adaptado a las necesidades de cada uno, pero realizar actividad física es la manera de recuperar automatismos que hemos perdido con el “golpe” (ictus, en latín).

La actividad además genera endorfinas que son la “felicidad” del cerebro, o lo que es lo mismo, te sentirás mejor cuanto más lo practiques, cuanto más te muevas.

El deporte es vida, practicar deporte es la mejor forma de prevención de la enfermedad, y por supuesto, es la mejor herramienta de recuperación tras un ictus, ponte las zapatillas y muévete.

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