Seguro que alguna vez te has preguntado por qué algunos medicamentos se presentan en forma de pastilla, de polvo o en soluciones líquidas. Pues bien, las diferentes formas en que nos tomamos un medicamento se llaman formas galénicas o formas farmacéuticas y se consiguen a través de la combinación adecuada de los principios activos y los excipientes presentes en cada fármaco.

Hay que tener en cuenta que los principios activos de los medicamentos se comportan de forma diferente en nuestro organismo en función de cómo lo tomamos. Por ello, la elección de una determinada forma farmacéutica deberá tener en cuenta la biodisponibilidad del fármaco, es decir, la capacidad de que el principio activo alcance el lugar de acción a las concentraciones adecuadas.

Por ejemplo, a la hora de diseñar un nuevo producto farmacéutico, y en función de la patología, a veces es mejor que un principio activo tenga un efecto los más rápido posible, mientras que en otras ocasiones, lo mejor es que el efecto sea lento pero más continuado. La elección de la correcta forma farmacéutica también depende de la dosificación deseada.

Además, las diferentes formas galénicas también pueden ayudar a reducir interacciones con otros fármacos o alimentos, mejorar la solubilidad de algún principio activo o incluso, dar nuevos sabores o proporcionar a los consumidores productos con un aspecto más atractivo.

Las diferentes formas galénicas se pueden dividir en cuatro grandes grupos:

  1. Formas sólidas: son aquellas en que el principio activo y los excipientes se presentan en forma sólida, como por ejemplo en polvo, granulados, comprimidos, cápsulas (blandas y duras) grageas o supositorios.
  2. Formas semi-sólidas: se trata de preparados que habitualmente tienen un uso externo (tópico) y se reconocen en función de su capacidad para disolverse en agua (hidrosolubilidad), desde las cremas más hidrosolubles, pasando por las pomadas más grasas, hasta los ungüentos, menos hidrosolubles y más aceitosos. En este grupo también se encuentran las jaleas.
  3. Formas líquidas: en este grupo encontramos las soluciones que pueden administrarse por vía oral, parenteral, tópica, rectal, ocular o inhalatoria; los jarabes donde el principio activo se disuelve en una solución concentrada de azúcar o glucosa; las suspensiones en las que se usa líquido para administrar un principio activo insoluble; y las emulsiones, formadas por gotas oleosas en un medio acuoso.
  4. Soluciones gaseosas: son básicamente los principios activos que se usan en estado gaseoso para ser inhalados, como el oxígeno o los anestésicos. También se incluyen en este grupo los aerosoles, aunque se trate de la dispersión a presión de una forma líquida o sólida a través de un gas propelente (que ayuda a su dispersión).

En el mercado, existen productos que comparten el mismo principio activo, pero se presentan en formas galénicas diferentes. Esta variedad permite a los profesionales sanitarios recomendar la solución que más se adecue a la patología y las características de cada tratamiento, mientras que ofrece a los consumidores una amplia variedad de opciones en función de sus preferencias.

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