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Agricultura en entornos extremos

24 abril 2017

Cultivar bajo el mar o a más de tres mil metros de profundidad en un cañón ya no es ciencia ficción, sino una realidad. Expertos en tecnología e ingenieros han hecho posible que las explotaciones agrícolas superen las prácticas tradicionales y se establezcan en entornos y lugares inhóspitos.

Las temperaturas extremas o los terrenos desérticos ya no suponen una barrera infranqueable para los agricultores más audaces. Pero, ¿cómo es posible esta práctica en condiciones aparentemente inviables? Estos cuatro ejemplos tienen la respuesta.

1. Bajo el mar en la costa de Noli (Italia)El proyecto Jardín Nemo, llevado a cabo por el Ocean Reef Group, ha hecho posible la colocación sobre el fondo marino de varias bioesferas. El agua salada se condensa dentro de la cúpula y gotea sobre las parcelas donde se cultivan especias y hortalizas. El sistema, a la larga, es autosuficiente y los agricultores lo único que tienen que hacer es vestir de neopreno y recoger su cosecha. Las condiciones, aunque a simple vista parezcan imposibles, guardan grandes ventajas: inexistencia de plagas, temperatura constante, agua en abundancia y suficiente luz solar.

2. El frío extremo de Islandia
Durante los inviernos islandeses tan sólo hay cuatro horas de luz. Para compensar esta escasez, los agricultores aprovechan el calor del fondo de la tierra energía geotérmica) para iluminar los invernaderos y poder así cultivar flores y hortalizas, como tomates y pepinos, pese a las temperaturas gélidas. Además, los suelos disponen de una calefacción natural que permite cultivar tubérculos y forraje. En el exterior las bajas temperaturas hacen que haya pocas plagas, reduciendo así el riesgo de amenazas.

3. El suelo negro de Lanzarote
En el siglo XVIII se produjeron erupciones volcánicas en Lanzarote que dejaron las tierras de la isla cubiertas de una gruesa capa de cascajos negros. Los agricultores, para poder cultivar, han desarrollado un sistema de enarenado: método de cultivo en seco que aprovecha el picón, una roca mineral volcánica que absorbe humedad y evita la evaporación.

Ahorrar agua es fundamental en una isla que tiene un índice de precipitaciones inferior a 14 cm3 (menos que en algunas zonas del desierto del Sáhara). Pese a esta escasez, los agricultores lanzaroteños cosechan uvas, almendras y otros cultivos.

Además, los agricultores protegen los cultivos con una especie de muro bajo semicircular que defiende las plantas contra el viento y, al mismo tiempo, les proporciona sombra por la mañana y al atardecer.

4. La profundidad del Cañón del Colca (Perú)

Los miles de metros de profundidad del Cañón del Colca no son un impedimento para los agricultores de la zona, que cultivan a 3.400 metros en mesetas y terrazas escalonadas de tiempos inmemoriales.

Para hacerlo, sujetan la tierra con pircas (paredes de piedra seca) que retienen el agua de la lluvia y, además, previenen corrimientos de tierra. Para el riego de los cultivos se utilizan acueductos que canalizan el agua procedente del deshielo o de ríos y lagos contiguos. Según la riqueza del suelo y la altitud de las terrazas, los agricultores cultivan papas, frijoles o centeno.

Estos cuatro ejemplos de agricultura extrema nos demuestran que no hay límites. Hasta los paisajes más desafiantes y complejos pueden transformarse en increíbles campos productivos que nos ayuden a hacer frente al reto mundial de alimentar a más de nueve mil millones de personas para el año 2050.

Bayer

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